Su uso está indicado principalmente en el tratamiento de cáncer de mama metastásico, sarcoma de tejidos blandos y cáncer de ovario avanzado, entre otros. También se emplea en ciertos casos de mieloma múltiple cuando otras terapias han resultado ineficaces o el paciente no puede recibir quimioterapia convencional.
Una de sus principales ventajas es su tecnología pegilada, que recubre la doxorrubicina con moléculas de polietilenglicol. Este proceso reduce la toxicidad cardíaca y mejora la distribución del fármaco, logrando que se concentre en los tejidos tumorales por más tiempo.







